Cuando se alcanza el medio siglo,
el amor tiene otro sabor,
ya no busca promesas ni juegos,
sino paz, ternura y calor.
Es un amor hecho de historia,
de cicatrices y comprensión,
que encuentra en una simple mirada
la más sincera declaración.
Ya no importan tanto las flores,
ni las palabras de seducción,
basta una mano que te acompañe
y que te abrace el corazón.

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