En tus ojos brilló la aurora,
y en tu sonrisa, la inmensidad,
mi corazón, que en silencio te añora,
halló en tus brazos la eternidad.
Llegaste a mí como llega el destino,
con mil estrellas vestidas de luz,
y en aquel cruce de nuestro camino,
supe que el mundo eras tú, solo tú.
Desde aquel día florece mi suerte,
mi alma te busca al amanecer,
porque encontrarte fue un sueño tan fuerte,
que amarte es mi forma de renacer.

Deja una respuesta