Cuando las lágrimas vencen al latido,
y el alma ya no encuentra qué decir,
el corazón, cansado y dolorido,
se olvida por un instante de latir.
Hay lágrimas que gritan en silencio,
más fuerte que mil voces al pasar,
y un corazón que pierde su equilibrio
cuando ya no le quedan fuerzas para amar.
A veces llora más lo que callamos,
que todos los latidos al vivir,
porque hay dolores que nunca confesamos
y lágrimas que lloran por seguir.

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