Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

La culpa fue de Cupido,
por dar en el blanco al azar,
con su flecha del amor
que me hizo suspirar.

Disparó sin avisar,
directo al corazón,
y desde aquel momento
perdí toda la razón.

Cupido quiso jugar,
y acertó sin compasión,
dejó una flecha clavada
y me armó de valor.

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