Un ramo de flores quedó en la ventana
guardando en silencio palabras perdidas,
la tarde cubría de gris la mañana
y el viento abrazaba las horas dormidas.
Las flores hablaban de un corazón roto y
de sueños cansados que buscan reposo,
pero entre sus pétalos, casi remoto,
quedaba un destello de cielo luminoso.
Y alguien, al recoger aquel ramo marchito
entendió que el dolor también puede cambiar,
que incluso en la noche más larga del mundo
una nueva mañana puede comenzar.

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