Se fueron despacio, casi sin ruido,
como hojas que el viento no quiso guardar.
Eran pequeños instantes compartidos
que un día creímos que iban a esperar.
Quedaron palabras detrás de los labios,
miradas que nunca llegaron a hablar,
caminos que el tiempo cubrió de distancia
y abrazos que el miedo dejó sin dar.
A veces regresan vestidos de recuerdo,
cuando una canción los vuelve a despertar.
Y parecen tan cerca, tan llenos de vida,
que cuesta entender que no volverán.
Pero el tiempo no borra todo lo vivido,
lo perdido también nos enseña a mirar.
Porque algunos momentos, aunque ya se hayan ido,
siguen siendo parte de quienes seremos al andar.

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