En un mundo divino de luz y armonía,
las estrellas brillaban con gran esplendor,
los ríos cantaban con dulce alegría,
y el cielo pintaba paisajes de color.
Los árboles daban su fruto abundante,
la brisa danzaba con suave emoción,
vivía la gente en un mundo radiante,
un reino de paz, esperanza y unión.

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