No bajó con voz de trueno
ni exigió mi admiración,
me habló con un gesto sereno
que desarmó la razón.
No buscaba fe ni gloria
ni un altar donde existir,
me mostró otra trayectoria
para aprender a vivir.
Cuando el alba abrió el camino
ya no estaba aquel mentor,
pero llevo su destino
como un íntimo rumor.

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