No hubo un haz de luces,
ni un platillo sobre el mar,
solo olvidé mil cruces
que juraría recordar.
Desde entonces, cada noche
el cielo me mira igual,
quizá me fui en un derroche
sin saber que fue real.
Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.
No hubo un haz de luces,
ni un platillo sobre el mar,
solo olvidé mil cruces
que juraría recordar.
Desde entonces, cada noche
el cielo me mira igual,
quizá me fui en un derroche
sin saber que fue real.
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