Te busqué donde el ruido se vuelve silencio,
donde el alma se esconde por miedo a sentir,
te ofrecí mis manos, sin prisa y sin precio,
por si en ellas un día quisieras vivir.
Fui recogiendo tus sombras despacio,
como quien cuida un fuego al nacer,
y en cada herida sembré un espacio
donde aprenderas de nuevo a querer.
No quise salvarte, quise encontrarte,
sin jaulas, sin miedo, sin condición,
pero entendí que para amarte
primero debías salvar tu corazón.

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