En cada garganta se quiebra su llanto,
somos la sombra que gime al pasar,
la pena heredada nos viste de espanto,
y en cada suspiro volvemos a amar.
No hay rostro que escape a su eco profundo,
ni alma que esquive su lento penar,
pues todos cargamos su duelo en el mundo,
y en cada silencio se oye su mar.

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