En plazas de voces dulces se esconden,
los falsos profetas con rostro de luz,
prometen verdades que nunca responden,
y cambian la senda que lleva a la cruz.
Hablan de cielos con precio y medida,
de fe que se compra con oro y poder,
pero su palabra, vacía y fingida,
se apaga en la sombra del propio placer.

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