En la curva muda del tiempo incierto,
navega el silencio sin rumbo ni edad,
donde el futuro y el ayer están abiertos
como enigmas tejidos en la eternidad.
Allí donde el pulso del cosmos respira,
y el instante es eco de lo que no fue,
se pierde la lógica, el alma delira
en mares de “cuándo” que nadie ve.

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