En el pecho quedó un silencio helado,
donde antes vivía un tambor de vida.
Se apagó sin aviso, sin un pasado,
como vela que el viento deja rendida.
Ya no responde a la llamada del día,
ni al ritmo que el amor le enseñaba.
Solo queda una sombra fría,
de un corazón que ayer aún soñaba.

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