En la cocina despierta el horno encendido,
promesa dorada de aroma y calor,
el pan se infla, el queso se ha fundido,
y en cada bandeja se hornea el sabor.
Las patatas se visten de fina costra,
el pollo se dora con suave intención,
y el tiempo en su fuego despacio nos muestra
que al horno la vida tiene mejor sazón.

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