Bajo un cielo sin nombre ni fronteras,
respiro luces de un mundo sin raíz,
mis pasos flotan, rompen las esferas,
y el tiempo olvida cómo ir y venir.
Hablo en silencios que nadie comprende,
mi hogar es órbita, pulso y vacío,
vivo en lo extraño que nunca se prende,
extranjero eterno de todo lo mío.

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