Los ángeles guardianes velan callados,
con alas de luz sobre tu almohada.
Si tiemblas de noche o vas asustado,
te cubren el alma, suave, abrigada.
Cuando el camino se vuelve de niebla,
susurra uno cerca: “confía, respira”.
Te aparta del golpe, te cuida la huella,
y en medio del miedo tu pulso retira.
No siempre se ven, pero están presentes,
en señales pequeñas, en paz repentina.
Te endulzan las horas, te limpian la mente,
y en cada caída te alzan la vida.

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