Caen pétalos leves, casi en susurro,
sobre labios de rosa, tibios y callados,
como un secreto que roza lo puro,
como un instante que queda atrapado.
Y en ese roce de seda y primavera,
florece el tiempo en un beso sin prisa,
mientras la brisa, cómplice ligera,
dibuja en su boca la luz de una sonrisa.

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