En un mundo sin oro ni cuentas que sumar,
las manos se tienden sin miedo a perder,
el pan se comparte, no se aprende a cobrar,
y el tiempo florece en lugar de correr.
Las calles respiran sin prisa ni afán,
el trueque es sonrisa, no deuda que pesar,
la vida no mide lo mucho que dan,
sino lo que juntos logran sembrar.

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