En el silencio del alma cansada,
se posa el perdón como brisa leve,
cura la herida, ya casi olvidada,
y al corazón le enseña que es breve.
Descansa el pecho sin culpas ni peso,
flota en la calma de haber comprendido,
que al perdonar se desata el exceso
de todo dolor que llevaba escondido.

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