En la mente hago dieta, todo es sano y medido,
cuento calorías al aire, todo está permitido,
pero al ver la nevera, mi fuerza se desboca,
porque soy disciplinado… siempre que no abra la boca.
Pienso en lechuga y agua, en equilibrio y razón,
me repito “vida sana” con firme convicción,
mas llega el dulce aroma que mi voluntad provoca,
y mi dieta es perfecta… hasta que manda la boca.

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