Un corazón roto llora en la penumbra,
con bolsillos vacíos y el alma en ruina,
ni el oro del mundo su pena alumbra,
ni encuentra consuelo en ninguna esquina.
Camina descalzo entre sueños vencidos,
guardando silencios que nadie compró,
sus latidos, cansados y malheridos,
son ecos de amores que el hambre llevó.
Y aunque en su miseria la noche se aferra,
aún late despacio, negándose a huir,
porque hasta el más pobre que pierde en la tierra
conserva un motivo pequeño, sentir.

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