En calles frías de ecos sin nombre,
camina el alma sin pulso ni voz,
rostros de hielo que olvidan al hombre,
sombras que viven sin rumbo ni dios.
No hay latidos que enciendan auroras,
ni manos cálidas para sostener,
un mundo hueco que olvida las horas,
donde sentir es un lujo perder.

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