En el rincón callado de un banco vacío,
susurra el viento nombres que ya no están,
las risas ajenas cortan como el frío,
y el alma encogida no sabe a dónde va.
Entre miradas duras se alza un muro,
hecho de gestos que hieren sin razón,
camina en silencio, cansado y oscuro,
cargando en el pecho su propia exclusión.

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