En calles grises caminan despacio,
con sueños grandes guardados sin voz,
llevan el mundo pesando en sus brazos,
y aun así miran el cielo y a Dios.
No tienen oro ni tronos dorados,
pero su lucha reluce al andar,
forjan caminos con pasos cansados,
y en su esperanza aprenden a amar.

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