Cuando el día se apaga y nadie me llama,
mi voz se queda flotando en la nada.
Como una carta que nunca fue abierta,
como una puerta que nadie tocaba.
Y aprendo al fin, en silencio profundo,
que no hace falta que el mundo me nombre.
Pues aunque nadie pregunte por mí,
aún late un corazón en este hombre.

Deja un comentario