Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Cuando el día se apaga y nadie me llama,
mi voz se queda flotando en la nada.
Como una carta que nunca fue abierta,
como una puerta que nadie tocaba.

Y aprendo al fin, en silencio profundo,
que no hace falta que el mundo me nombre.
Pues aunque nadie pregunte por mí,
aún late un corazón en este hombre.

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