Jugábamos bajo el cielo,
con la risa como guía,
sin saber que en ese vuelo
nacería lo que ardía.
Corrías libre en el viento,
yo fingía no mirar,
pero en cada movimiento
me empezaba a enamorar.
Entre apuestas y carreras
se encendió mi corazón,
pues jugando, sin barreras,
se volvió juego el amor.

Deja un comentario