Muero de enfado en llamas encendido,
arde mi voz como hierro candente,
mi pecho es trueno, seco y malherido,
y el pulso estalla torvo y vehemente.
Muero de rabia, sombra desatada,
ciego volcán que ruge en mi costado,
hiere el silencio, fiera encadenada,
y en su ceniza quedo consumado.

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