El tiempo se pliega en luces de neón,
late en circuitos de polvo estelar,
el espacio respira en cada dirección,
y el ahora aprende a multiplicar.
Relojes líquidos caen al revés,
las horas migran como un enjambre,
el futuro recuerda lo que fue ayer,
y el pasado se actualiza en el aire.
En la urdimbre cuántica del caminar,
somos datos soñando materia,
espacio y tiempo vuelven a programar
un cosmos que piensa su propia era.

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