En la aurora clara de aquel día soñado,
reía el cielo en luz dorada y serena,
cada latido iba firme y acompasado,
como si el mundo borrara toda pena.
Bajo un sol tibio de abrazo encendido,
mi alma danzaba ligera y sin medida,
supe en silencio, con pecho agradecido,
que aquel instante era el mejor de mi vida.

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