En relojes de luz líquida
se curva el ayer y el después,
el tiempo aprende a doblarse
como metal bajo la fe.
Las galaxias laten lento
en un pulso artificial,
el espacio ya no es vacío,
piensa, sueña y quiere más.
Caminamos sobre instantes
programados para huir,
somos código y memoria
aprendiendo a existir.

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