
El pedo no entiende de reyes
ni de credos ni de banderas,
se escapa en palacios y calles,
en oficinas y primaveras.
Es risa escondida en el cuerpo,
vergüenza con alas de humor,
un trueno pequeño y sincero
que anuncia que hay vida interior.
La humanidad piensa, ama y sueña,
pero también suena al andar,
un prrt discreto en la cena,
un pfff que no quiso esperar.


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