Brilla el neón en la acera mojada,
se abre la puerta, comienza el compás,
la risa se vende, la copa está alzada,
la noche trabaja, no duerme jamás.
En sombras se mueven los sueños y el trato,
se paga en silencio, se cobra con voz,
el ritmo del alma se vuelve contrato,
y el lujo disfraz de lo que no es Dios.
El alba se asoma, cansado el bullicio,
se cuentan ganancias, se apaga el licor,
la noche se esconde, dejando su oficio,
un eco de música y humo y fervor.

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