En un mundo de sombra y ceniza,
los monstruos nacen sin traición,
su lengua no miente, no hechiza,
tienen más alma que el corazón.
Las bestias cuidan lo que destruye
el hombre en su ambición de rey,
no envenenan lo que construye,
ni entierran verdades con ley.
Bajo lunas de fuego y espanto,
los monstruos lloran por amor,
mientras humanos, sin quebranto,
ríen sembrando su propio horror.

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