Se quiebra el alma en mil pedazos,
como cristal bajo un puñal,
se apagan todos los abrazos,
queda un abismo.
Tus dulces labios son recuerdo,
tu voz es solo un eco cruel,
y en el latir que aún remuerdo,
sangra la herida de tu piel.
El tiempo pasa y no te borra,
sigues clavado en mi razón,
como un naufragio en triste aurora,
como ceniza en mi canción.

Replica a Lincol Martín Cancelar la respuesta