En la sombra de la tarde que se apaga,
mi alma se desgarra, huérfana y dolida,
el eco de tus pasos se desvanece en la nada,
y el silencio se cierne sobre mi herida.
Las paredes frías murmuran tu ausencia,
el viento susurra tu nombre perdido,
cada rincón de esta casa es penitencia,
un refugio de recuerdos desvanecidos.
La luna observa, distante y ajena,
testigo mudo de mi soledad latente,
su luz se filtra, pero no serena,
el caos que en mi pecho arde vehemente.
Tu sombra vaga por mis pensamientos,
fantasma errante de un ayer distante,
y en cada latido, en cada aliento,
siento el vacío que dejaste constante.

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