En la penumbra del invierno helado,
cuando el susurro del viento es lamento,
un misterio se gesta en el suelo callado,
una promesa brota en el firmamento.
Tiernos tallos rompen la dura tierra,
verde esperanza que ansía la luz,
es la primavera que, sin que se advierta,
en pequeños brotes da su testuz.
Susurros de vida en cada rincón,
la brisa acaricia su tenue fulgor,
el canto del río, la flor en botón,
un renacer puro, un nuevo color.
Las hojas despiertan, la savia resuena,
el mundo renueva su fresco candor,
en el verdor tierno, el alma serena,
se entrelazan sueños, perfume y amor.
Brotes verdes, mensajeros sutiles,
de un ciclo eterno, de un vals sin final,
la primavera, en acordes gentiles,
nos susurra al oído su magia floral.
En el jardín, en el bosque y pradera,
los brotes nos cuentan historias sin fin,
de vida, de sueños, de amor que prospera,
en cada rincón, un nuevo latir.

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