En el silencio de la noche,
donde susurros se tornan eco,
dos almas se encuentran, sin reproche,
en un beso profundo, eterno.
Los labios se entrelazan, suaves,
como olas que besan la orilla,
y en ese instante, sin palabras,
se dibuja el amor, sin prisa.
Sus ojos cerrados, corazones abiertos,
el mundo se desvanece, lejano,
y en el roce de sus besos,
el tiempo se detiene, temprano.
Es en ese abrazo sin fin,
donde el alma desnuda se siente,
que los besos profundos, al fin,
son promesas de amor ferviente.

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