En las aguas saladas del océano vasto,
donde danza el misterio de un mundo salado,
surge el Chicharro, veloz y plateado,
bailando en cardúmenes, en un juego animado.
Sus escamas relucen con luz de la luna,
bajo la mirada de la noche que se cierne oscura,
en el vaivén de las olas, melodía marina,
el Chicharro navega, danza su rutina.
El lirio marino, majestuoso y sereno,
en las profundidades, un rey submarino,
sus pétalos acuáticos, en un suave vaivén,
tejen historias en el lecho marino.
La merluza, diosa de las aguas profundas,
se desliza entre corales, esbelta y hermosa,
sus aletas despliegan gracia y destreza,
en el océano, su reino, es reina y princesa.
El choco, artista del fondo arenoso,
camuflaje perfecto en su juego ingenioso,
se desliza en la arena como sombra veloz,
una danza sigilosa, un ballet sin voz.
La raya, planeadora del océano extenso,
con sus alas acuáticas, en vuelo suspensos,
se desliza con elegancia, dibujando estelas,
en el lienzo azul, traza formas tan bellas.
Y las xardas, en bancos, veloces y unidas,
ondulando en el oleaje, cual vida compartida,
pequeñas centellas en el vasto azul,
tejiendo sueños en el océano sin fin, el tul.
Así en el mar, un poema se escribe,
con Chicharros que danzan y lirios que describen,
merluzas que reinan y chocos que suspiran,
rayas que planean y xardas que brillan.
En el vaivén del océano, un canto se alza,
celebrando la vida, en su danza sin tregua y sin pausa,
bajo la mirada de estrellas que titilan,
el poema del mar, en sus aguas destila.

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