En el reino de los sueños, donde el deseo se adormece,
hibernamos en silencio, en un éxtasis que estremece.
Las pasiones yacen quietas, como un bosque en invierno,
donde el ardor se duerme, en un profundo y tierno invierno.
Bajo mantas de suspiros, los sentidos reposan,
en un letargo sensual, donde el anhelo se posa.
El cuerpo se repliega, en una pausa seductora,
como el frío que abraza, en su danza encantadora.
Las caricias se convierten en susurros que descansan,
en el silencio del deseo, las llamas se abrazan.
En el sueño de la piel, en la alcoba del reposo,
se esconde la pasión, en su mágico recorrido hermoso.
Oh, hibernación sensual, en el edén del letargo,
donde los besos duermen, en un suave embargo.
Las sombras acarician, en este dulce sopor,
un silente despertar, que aguarda su resplandor.
En la quietud de este trance, en la danza de los cuerpos,
se gesta la promesa, de amores que son eternos.
Aunque el hielo acaricie, la llama persiste en su esencia,
y en la hibernación sexual, florece la paciencia.
Así, en el abrazo del invierno, la pasión reposa,
esperando la primavera, donde el amor se desposa.
Hibernamos sexualmente, en un sueño profundo,
aguardando el despertar, en el ciclo del segundo.

Replica a AA1C Cancelar la respuesta