Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Era un día caluroso de verano, y el sol brillaba intensamente. Un hombre llamado Juan caminaba por la calle, disfrutando del calor. De repente, se encontró con un hombre vestido con una túnica negra. El hombre tenía una mirada siniestra en sus ojos.

«¿A dónde vas?», le preguntó el hombre vestido de negro.

«Voy a casa», respondió Juan.

«¿No tienes miedo de ir al infierno?», preguntó el hombre.

Juan se detuvo. «¿Qué dices?», preguntó.

«Digo que no tienes miedo de ir al infierno», repitió el hombre. «¿No crees que Dios te castigará por tus pecados?»

Juan se sintió incómodo. «No sé», dijo. «No creo que sea algo de lo que deba preocuparme».

«¿No?», preguntó el hombre. «Entonces, ¿estás dispuesto a apostar?»

Juan no sabía qué decir.

«Si estás dispuesto a apostar», dijo el hombre, «te llevaré al infierno».

Juan dudó. ¿Debería hacerlo? ¿Debería arriesgarse a ir al infierno?

Finalmente, dijo: «De acuerdo, te llevaré».

El hombre vestido de negro sonrió. «Excelente», dijo. «Sígueme».

Juan lo siguió por la calle. Pronto, llegaron a un callejón oscuro. El hombre vestido de negro se detuvo y dijo: «Aquí es donde comienza el infierno».

Juan miró a su alrededor. El callejón estaba oscuro y vacío. No podía ver nada.

«¿Qué es lo que veo?», preguntó.

«No ves nada», dijo el hombre vestido de negro. «Pero puedes sentirlo».

Juan cerró los ojos. De repente, sintió un calor intenso. El calor era tan intenso que le dolía la piel.

«¿Qué es esto?», gritó.

«Es el fuego del infierno», dijo el hombre vestido de negro. «Es el castigo por tus pecados».

Juan abrió los ojos y vio que el callejón estaba envuelto en llamas. Las llamas eran altas y rojas. El calor era insoportable.

«¡No!», gritó Juan. «¡Quiero salir!»

Pero era demasiado tarde. Juan estaba atrapado en el infierno.

Juan gritó y gritó, pero nadie podía oírlo. El infierno era un lugar de silencio y oscuridad.

Juan pasó el resto de la eternidad en el infierno. El fuego lo quemaba constantemente. El dolor era insoportable.

Juan se arrepintió de sus pecados. Deseaba haber vivido una vida diferente. Pero ya era demasiado tarde.

Juan estaba condenado al infierno para siempre.

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