En un pequeño pueblo rodeado de frondosos bosques y montañas, un lugar donde la gente solía reunirse con alegría para celebrar la llegada del nuevo año. Sin embargo, aquel año fue diferente; un aire sombrío flotaba en el ambiente, como si la misma oscuridad se hubiera apoderado de la festividad.
La víspera de Año Nuevo, un denso manto de niebla cubrió el pueblo, creando una atmósfera de misterio y temor. La campana de la antigua iglesia sonó a medianoche, marcando el inicio de un nuevo año, pero en lugar de alegría, la alarma resonó en los corazones de los lugareños.
De repente, las luces parpadearon y se apagaron, sumiendo al pueblo en la oscuridad total. Cuando las luces se restablecieron, la plaza central estaba adornada con sangrientas escenas que parecían haber emergido de pesadillas. La gente se quedó helada al ver figuras encapuchadas, con máscaras macabras, que caminaban por las calles con paso lento y decidido.
El pánico se apoderó de la población, y la huida era la única opción. En medio de la confusión, algunos intentaron resistir, pero la violencia estalló de manera descontrolada. Las sombras se movían entre los callejones, y los gritos de angustia resonaban en la noche.
El reloj del campanario marcaba las horas mientras la violencia continuaba. La razón detrás de este aterrador ataque seguía siendo un misterio, y la desesperación se apoderaba de los corazones de aquellos que intentaban sobrevivir.
En un rincón oscuro del pueblo, un grupo reducido de personas logró refugiarse en la antigua biblioteca. Entre ellos, había un anciano sabio que recordaba leyendas olvidadas. Según las historias, cada ciertos siglos, en noches de luna llena, una antigua sociedad secreta surgía para recordar a la humanidad su fragilidad.
Decididos a poner fin a la pesadilla, el grupo se aventuró en las calles vacías. La luna llena iluminaba los rostros de las figuras encapuchadas, revelando expresiones sin emoción. La batalla entre la resistencia y los enmascarados fue feroz, pero finalmente, el grupo logró desterrar la oscura presencia.
A medida que el amanecer iluminaba el pueblo, los sobrevivientes contemplaron los estragos causados por aquella noche sangrienta. Las huellas de la violencia quedaron marcadas en cada rincón, pero la esperanza renació entre los corazones valientes que decidieron enfrentar la oscuridad.

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