Estaba en mi habitación, acostado en mi cama, cuando me quedé dormido. Al principio, mi sueño era tranquilo y agradable. Estaba caminando por una playa paradisíaca, con aguas cristalinas y arena blanca. El sol brillaba cálidamente y el viento me acariciaba la cara. Me sentía feliz y relajado.
De repente, mi sueño cambió. Me encontraba en un bosque oscuro y tenebroso. Los árboles eran altos y delgados, y sus ramas se extendían hacia el cielo como garras. El suelo estaba cubierto de hojas secas y crujientes, y el aire estaba lleno de un olor a podredumbre.
Me di cuenta de que no estaba solo. Algo me seguía. Era una figura oscura y difusa, que se movía entre los árboles. Me sentí asustado y comencé a correr.
La figura me perseguía cada vez más de cerca. Podía sentir su aliento caliente en mi nuca. Intenté gritar, pero mi voz no salía. Estaba paralizado por el miedo.
De repente, mi sueño cambió de nuevo. Me encontraba en un lugar familiar, mi propia habitación. Estaba acostado en mi cama, pero esta vez no estaba solo. Había alguien más conmigo, una figura cálida y acogedora.
La figura me susurró al oído: «No temas. Estoy aquí para protegerte».
Me sentí aliviado y seguro. Me abracé a la figura y me quedé dormido.
Cuando desperté, estaba sudando y con el corazón acelerado. Me di cuenta de que había tenido una pesadilla. Pero también me di cuenta de que había tenido algo más. Había tenido una experiencia de amor y protección.
Durante los días siguientes, pensé mucho en mi sueño. Me preguntaba qué significaba. ¿Era una advertencia? ¿O era un mensaje de esperanza?
Al final, decidí que mi sueño era una metáfora de la lucha interna que todos llevamos dentro. La figura oscura representaba el miedo, la ansiedad y la incertidumbre. La figura cálida y acogedora representaba el amor, la paz y la seguridad.
En la vida real, todos tenemos que lidiar con el miedo y la incertidumbre. Pero también tenemos el amor y el apoyo de los demás para ayudarnos a superarlo.

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