Dios: ¿Por qué estás aquí?
El Diablo: Para desafiarte.
Dios: ¿A mí? ¿Por qué?
El Diablo: Porque creo que estás equivocado.
Dios: ¿En qué?
El Diablo: En tu visión del mundo.
Dios: ¿Y cuál es tu visión?
El Diablo: Creo que el mundo es un lugar cruel y despiadado. Creo que el hombre es un ser egoísta y violento.
Dios: No estoy de acuerdo. Creo que el mundo es un lugar hermoso y lleno de potencial. Creo que el hombre es un ser bueno y compasivo.
El Diablo: Eres un ingenuo. El hombre es capaz de grandes actos de bondad, pero también de grandes actos de maldad.
Dios: Lo sé. Pero creo que la bondad siempre triunfará sobre la maldad.
El Diablo: ¿Y cómo puedes estar tan seguro?
Dios: Porque soy Dios.
El Diablo: Eso no responde a mi pregunta.
Dios: ¿Qué quieres que te diga? Que tengo un plan para el mundo? Que todo va a salir bien?
El Diablo: Sí. Eso es lo que quiero escuchar.
Dios: No puedo prometerte eso. El mundo es un lugar impredecible. Hay cosas que escapan a mi control.
El Diablo: Entonces, ¿por qué sigues luchando?
Dios: Porque creo que vale la pena. Creo que el mundo merece ser un lugar mejor.
El Diablo: Y yo creo que estás equivocado.
Dios: Entonces, ¿qué vamos a hacer?
El Diablo: Vamos a ver quién tiene razón.
Dios: De acuerdo.
Los dos seres se miran a los ojos, desafiantes.

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