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En un mágico rincón del bosque habitado por duendes y gnomos, existía una tradición que se celebraba cada luna llena. Durante esta festividad, todos los seres mágicos se reunían para compartir risas, historias y deliciosos manjares. El evento era conocido como «la noche de las luciérnagas», y se llevaba a cabo en un claro rodeado de árboles centenarios.

Un año, la ansiedad y el egoísmo se apoderaron de uno de los gnomos llamado Grimbald. A pesar de ser respetado por su destreza en la herrería y su habilidad para tallar objetos encantados, Grimbald ansiaba más atención y reconocimiento. Sentía que sus esfuerzos eran pasados por alto en medio de la brillantez de los demás.

Decidió hacer algo que capturara la admiración de todos: hornearía un pastel único para la noche de las luciérnagas. Grimbald se sumergió en recetas mágicas olvidadas y finalmente encontró una que parecía perfecta. Era una receta de pastel de bayas envenenadas, que prometía conceder a quien lo comiera el don de la belleza eterna. Lamentablemente, también contenía un ingrediente oscuro que podía causar daño si se usaba en exceso.

Grimbald pasó días preparando el pastel con la esperanza de que su creación destacara y lo hiciera famoso. La noche de la celebración, mientras los duendes y gnomos compartían sus manjares y risas, Grimbald presentó su pastel envenenado. La apariencia del pastel era fascinante, con bayas resplandecientes que parecían destilar luz propia.

Atraídos por su belleza, algunos comensales decidieron probar el pastel, incluido el líder de los duendes, Elara, y el sabio anciano de los gnomos, Thistlewick. A medida que la noche avanzaba, los efectos del pastel comenzaron a manifestarse. Aquellos que lo habían consumido adquirieron una belleza asombrosa, pero pronto se dieron cuenta del terrible precio que debían pagar. El veneno mágico estaba corroyendo sus energías vitales y cambiando sus personalidades, volviéndolos arrogantes y crueles.

Grimbald, aterrorizado por las consecuencias de sus acciones, confesó su culpa ante todos. La comunidad mágica se unió para buscar una solución y encontrar un antídoto. Juntos, reunieron ingredientes raros y realizaron un hechizo para contrarrestar el veneno. A medida que el antídoto se esparcía por los cuerpos de los afectados, su belleza superficial se desvanecía, pero regresaba la bondad y la humildad a sus corazones.

Grimbald se disculpó sinceramente y ayudó a reparar el daño que había causado, demostrando su arrepentimiento a través de sus acciones. Aprendió la lección de que la búsqueda de la admiración y la envidia pueden llevar a actos irresponsables y dañinos. La comunidad mágica, fortalecida por la experiencia, decidió seguir celebrando la noche de las luciérnagas con más alegría y solidaridad que nunca, recordando siempre que la belleza verdadera reside en el corazón y las acciones amables. Y así, el bosque siguió llenándose de risas y la magia perduró en cada rincón de ese mundo habitado por duendes y gnomos.

2 respuestas

    1. Avatar de Reve Cossue

      Graciasssss, un abrazo enorme

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