Te gusta enfadarte conmigo
para luego hacerme el amor,
te estimula la reconciliación
después de una buena batalla.
Pones caritas de pucherito
para que siempre te haga caso,
incluso cuando no quieres que lo haga
necesitas de mis encantos.
Me sacudes de tu lado
sólo para volver a colocarme encima,
todo el desorden que acumulas
te lleva a una perfección idolatrada.
Te gusta ponerme nervioso
porque buscas demostrar algo,
que cada vez que me tocas o me miras
yo tiemblo como un enamorado…

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