No siento nada
pero de ti lo siento todo,
cruzando el arcoíris
bajo los palos de un viejo molino.
Como el renacer inesperado
de lo que ha quedado congelado,
buscando la vida con el calor corporal
de tu propia desnudez divina.
Del sexo entre los olivos
de esas noches sin la luna llena,
aullidos silenciosos y humedos
como las viejas cartas de novios.

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