Un espacio íntimo donde la palabra respira y el verso se vuelve refugio. Poesía personal para quienes aman las letras, las emociones sinceras y la belleza de lo escrito desde el alma.

Llueve como condena a los males que he provocado, a las miles de horas que he dedicado a mi insomnio, a la falta de una poeta que librara mis guerras, una heroína que espada en mano sacudiera mis telarañas mas allá del permiso de mi sucia lengua. Llueve porque no he dado permisos en mi vida para esos rayos de sol que nunca he entendido, a mi incomprensión más sátira, a los mártires de mis dedos consumiendo teclados en pos de un final lúgubre y oscuro.
Llueve y me rasco la nariz sin ideas claras de que hacer cuando no vuelvas a donde dices ser y la monotonía de tus versos alcancen la gloria bendita de la basura y nos tengamos que revolcar en ella como si estuviéramos en Palm Beach. Llueve y no quiero leer en la prensa modelos de necrológicas para escoger la mía, para que te rías, para darle sabor a tu vida tan llena del vinagre de Módena que tanto nos gusta hasta en el desayuno. Porque sientes la necesidad de un aplazamiento entre tu mugre y la mía mientras deseas que te sujete con cintas de seda en esa cama victoriana, pero ni en esta vida ni en la siguiente podrás hacer que lo vea, no mientras llueva.

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