En la plaza se apaga la voz del vecino,
las manos se cierran, se pierde el calor,
la calle se vuelve un camino sin trino
y el miedo gobierna en lugar del amor.
Los muros separan lo que fue abrazo,
la prisa devora la antigua amistad,
se vende la risa al mejor fracaso
y el odio se viste de falsa verdad.
La mesa vacía recuerda al pasado,
cuando el pan alcanzaba para compartir,
hoy reina el silencio, rey coronado,
y arde la esperanza sin poder huir.


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