En la sombra del pecho ruge el temor,
con garras de duda y voz de rencor,
lo miro de frente, sin huir ni correr,
al nombrar al monstruo, empieza a ceder.
Hay fieras de ira, de culpa y de ayer,
que crecen si niego su oscuro poder,
las ato con versos, paciencia y verdad,
y al verse comprendidas, pierden maldad.

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